Hazel Hernández: Cuando Dios Cambia tu Rumbo

 

Siempre es asombroso ver cómo Dios pone en el corazón de personas adultas el deseo de cuidar y alimentar a los niños, no sólo en lo físico, sino también en lo espiritual. Tal es el caso de Hazel Hernández, una mujer que descubrió su verdadero propósito en medio de la adversidad y que, al igual que los pequeños a quienes ahora ayuda, encontró en Dios la guía que necesitaba para transformar su vida.

Hazel creció en una familia estable, pero el abuso infantil que sufrió a la edad de seis años dejó una marca profunda en su corazón. A medida que crecía, esta herida la llevó a buscar perfección en todo lo que hacía, esforzándose por ser la mejor en la escuela y luego en su vida profesional. Su dedicación le permitió ascender rápidamente en el mundo corporativo, hasta alcanzar un puesto que prometía estabilidad económica y éxito a largo plazo. Sin embargo, Dios tenía otros planes para ella.

«Siempre hubo algo que me llevaba por otro lado», recuerda Hazel.

Aunque trabajaba largas horas, sacrificando su tiempo personal de lunes a sábado, Hazel sentía una inquietud creciente en su corazón. Durante casi dos años, buscaba de Dios en los pocos momentos libres que le quedaban. Fue en uno de esos momentos que Dios le habló a través de un conocido, y así comenzó un cambio radical en su vida.

A medida que su fe en Cristo crecía, Hazel empezó a ver su trabajo con otros ojos. Poco a poco, su obsesión por el éxito profesional fue desapareciendo. Cambió su actitud hacia sus compañeros de trabajo, su familia, y comenzó a colaborar activamente en su iglesia local. Pero aún sentía que algo faltaba.

Un día, saliendo del trabajo y sintiéndose perdida, Hazel lloró mientras caminaba hacia su auto. “¿Esto es todo para mí? Yo quiero trabajar para Ti”, le preguntó al Señor. Fue entonces cuando Dios le hizo sentir que era tiempo de dejar su empleo.

Dios abrió las puertas para que Hazel colaborara en un proyecto de beneficencia en Tula, Hidalgo, dirigido a niños de escasos recursos. Este proyecto, llamado «Compasión», nació del amor que Dios puso en el corazón de la hermana Nayelli por los niños que enfrentan enormes dificultades en su comunidad. En esta zona, olvidada por las autoridades y marcada por la violencia y la pobreza, Hazel encontró su verdadera vocación.

Muchos de estos niños, como Hazel en su infancia, han sufrido abusos y viven en condiciones extremas. A menudo trabajan para ayudar a sus familias y, en el mejor de los casos, apenas comen una vez al día. En medio de este panorama desolador, Hazel y la hermana Nayelli se han dedicado a alimentar no sólo los cuerpos, sino también las almas de estos pequeños.

“Estos niños tienen hambre, hambre de todas formas”, comenta Hazel, subrayando la profunda necesidad espiritual que también enfrentan.

Para apoyar el proyecto, Hazel recolecta objetos donados por los hermanos de su iglesia, los limpia y les asigna un valor monetario para venderlos en un tianguis. Además, ha conseguido el apoyo de restaurantes locales que donan alimentos cercanos a su fecha de caducidad.

Pero lo más importante para Hazel y la hermana Nayelli es compartir la Palabra de Dios con estos niños. Después de alimentar sus cuerpos, dedican tiempo a enseñarles las lecciones de los libros «Descubriendo», proporcionados por la Liga Bíblica Internacional de México. A través de estos estudios, los niños aprenden que son amados por Dios y que tienen un valor inmenso a sus ojos.

La Liga Bíblica Internacional también ha capacitado a Hazel y a todo el equipo de Compasión con el Taller del Proyecto Felipe, tanto para adultos como para niños. Esta formación les ha permitido guiar a los niños hacia una relación más profunda con Dios, con la esperanza de que, a su vez, ellos lleven este mensaje a sus familias.

“Hoy les pregunto a los niños: ¿creen en esto? Y ellos responden: sí, porque Dios lo puede hacer. ¿Creen que haya algo difícil para Él? No, porque Él es Dios”, comparte Hazel.

Hazel y el equipo de Compasión continúan trabajando incansablemente para expandir el Reino de Dios a través de actos de amor y servicio, impactando a familias enteras en el proceso. La Liga Bíblica Internacional seguirá apoyando estos esfuerzos para que todos, sin importar su edad, tengan acceso a la Palabra de Dios, porque como bien dice Hazel:

“No hay alma chiquita o alma grande”

¿Y tú, cómo estás permitiendo que Dios te use para impactar las vidas de los más pequeños?